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Iglesia de Santa María la Nueva. Una aproximación a su restauración

Sergio Pérez Martín

HISTORIADOR DEL ARTE

PROYECTO CULTURAL ZAMORA ROMÁNICA

 

Traspasada la segunda mitad del siglo XX y una vez asentada la Penitente Hermandad de Jesús Yacente en la iglesia de Santa María la Nueva poco habría de cambiar ya el aspecto general de uno de los templos de origen románico más enigmáticos de la ciudad de Zamora. Atrás quedaban las innumerables reformas acaecidas durante el Medievo o en la Edad Moderna, momento en el que se rasgaría el ábside para construir el desaparecido camarín de la Virgen, se voltearían las actuales bóvedas barrocas o se erigiría la espadaña y algunos de sus contrafuertes para evitar el desplome de la nave. A todas ellas, como veremos más adelante, se añadirían las realizadas durante las centurias más recientes, configuradoras en gran medida de su actual imagen.

Así pues, recomponer con cierta fidelidad el proceso constructivo de esta iglesia se nos antoja hoy verdaderamente complicado, lejos de las simplificadoras explicaciones arrastradas desde los primeros cronistas e historiadores que se acercaron a su estudio a fines del siglo XIX que sentaron las bases de una interpretación que giraba en torno al incendio, ruina parcial y reconstrucción del templo a partir del célebre Motín de la Trucha en 1158; postulados y creencias que ineludiblemente necesitarán ser revisados a la luz de los estudios y hallazgos efectuados durante los últimos años.

Primeros pasos

Muchos zamoranos aún recordarán cómo en febrero de 2009 la prensa local se hacía eco de la aparición de decenas de pegatinas a modo de “pequeñas dianas” que misteriosamente habían llenado los muros de Santa María la Nueva. Y es que días antes, bajo miradas no exentas de cierta extrañeza, había comenzado la labor de topografía y levantamiento fotogramétrico del edificio, una de las primeras tareas, de necesario y obligado desarrollo, que se ha llevado a cabo en el grueso de iglesias integradas en el conjunto de las actuaciones del Proyecto Cultural Zamora Románica.

Mientras se efectuaban los trabajos de documentación fotográfica del inmueble y el levantamiento arquitectónico del mismo se procedía a realizar su estudio de patologías, elementos todos ellos de capital importancia para la redacción de un Proyecto de Restauración lo más adecuado y certero posible. Comenzaban entonces a ponerse de manifiesto algunos de los principales males que afectaban al templo, al margen de las consabidas humedades visibles en buena parte de su solado o la avanzada disgregación de la piedra en diversas zonas de sus paramentos. Sin lugar a dudas resultaba más alarmante el mal estado de algunos de sus contrafuertes que, además de claramente desplomados, exhibían preocupantes grietas que habían llegado a fracturar verticalmente sillares y morteros. Del mismo modo las cubiertas de la nave y la cabecera resultaban un punto conflictivo. La primera por haber sido objeto de repetidas intervenciones históricas reflejadas en la documentación archivística, la más reciente durante los años 80 del siglo pasado que supuso la cubrición de toda su armadura con planchas onduladas de fibrocemento, material considerado en la actualidad como tóxico. Y las de los ábsides por presentar un problema constructivo en la diferente fisonomía de los encuentros entre la capilla mayor y los absidiolos laterales, seguramente derivado de las actuaciones restauradoras de Luis Menéndez-Pidal, y que a su vez estaba produciendo un deterioro continuado de la piedra al no poder evacuar adecuadamente el agua.

Santa María la Nueva y Luis Menéndez-Pidal

Fig. 1. Iglesia de Santa María la Nueva. Años 40 (Fototeca Obispado Zamora-Archivo Gullón)Coetáneamente a estos trabajos previos había comenzado a consultarse y recopilarse la bibliografía y documentación histórica alusiva al templo. Las primeras impresiones resultaban llamativas y contradictorias a la par, pues la que pasaba por ser una de las iglesias más conocidas de la ciudad, en realidad empezaba a manifestarse como una verdadera desconocida. Ni la documentación eclesiástica, tan valiosa en el acercamiento a otros casos, ni la abundante producción fotográfica procedente de la Fototeca del Obispado de Zamora, la Filmoteca de Castilla y León o el Archivo Quintas, entre otros, lograban solventar más que pequeñas piezas de un gran rompecabezas histórico-constructivo (fig. 1).

Sin entrar en mayores detalles, el mero examen visual del edificio pone de relieve su verdadera complejidad, con múltiples reconstrucciones y reparos. Y centrándonos en su ámbito más llamativo y conocido, la cabecera, resulta comprometido mantener que es una de las zonas que se conserva en pie de la primitiva iglesia de San Román, antes de ser incendiada por la plebe y reedificada con su actual advocación. Más allá de su rareza tipológica en estas tierras -y más cercana a modelos asturleoneses- o de lo primitivo y rudo de la labra de sus capiteles y canecillos, toda su construcción denota evidentes síntomas de reconstrucción. Capiteles, columnillas, arquillos ciegos…, todo parece estar sospechosamente alterado y recompuesto al buen entender del maestro o arquitecto de turno. Sensación similar produce cuando se observa desde el interior, donde no parece quedar piedra sobre piedra de la antigua fábrica, ni siquiera en la bóveda de horno de inusitado perfil ultrasemicircular.

Ya durante la Edad Moderna, el ábside había sufrido algunas intervenciones significativas. En 1611, se pagó a un cantero “por adereçar la capilla mayor por la parte de afuera”. Y en el invierno de 1623, apremiaba por temor a las lluvias y al frio la reparación de “un pedaço de cantería y carpintería de la capilla mayor y sacristía” que se había caído. Obra de cierta relevancia económica y material llevada a cabo por el cantero Francisco González.

Tras estas, llegarían las llevadas a cabo durante las décadas centrales de la centuria pasada por el arquitecto conservador de zona Luis Menéndez-Pidal Álvarez (y su auxiliar Francisco Pons-Sorolla) uno de los protagonistas más destacados de la restauración monumental del patrimonio español del siglo XX. A su llegada a Zamora en 1949 denunciaba el estado de total abandono de la iglesia, consecuencia de su supresión como parroquia en 1896, pero sobre todo del lastimoso e irrecuperable estado de pobreza que atravesaba ya en el ecuador del siglo XIX. La cubierta se encontraba completamente descompuesta, la fábrica de sus contrafuertes disgregada y el ábside amenazaba con una inminente ruina al haberse debilitado con la perforación del camarín barroco.

Así, en los años 50, se ejecutarían hasta media decena de proyectos encaminados a restituir la perdida integridad arquitectónica original del edificio, interviniendo su cabecera (1949), sus paramentos interiores y solado (1951), las cubiertas y coronación de muros (1953), las partes degradadas de sus fachadas exteriores (1957), o reponiendo su maltrecho pavimento (1958). Y pese a conservar todos y cada uno de estos expedientes, muchas son las dudas que nos asaltan, pues aunque parezca contradictorio resulta difícil saber el verdadero alcance de estas intervenciones, hasta dónde llegó el ímpetu restaurador, aquí, además, con una declarada intención mimética y de fundir ambas fábricas en una misma unidad material. El principal problema reside en la parquedad de los textos, en lo repetitivo de su documentación o en lo ambiguo de las actuaciones enunciadas, insuficientes para solventar algunas de las hipótesis y elucubraciones planteadas y otras que surgen en el trabajo del día a día.

Unas pinturas murales en peligro

En aquel pionero Proyecto de Restauración del ábside se descubrió la existencia de pinturas murales bajo los revocos de cal que ocultaban la sillería de la iglesia, contemplándose dos años después, en 1951, la necesaria y cuidadosa retirada de los encalados por personal especializado para no perder o dañar el hallazgo.

Las labores debieron ceñirse estrictamente al picado de los revocos y a la limpieza superficial de los ciclos pictóricos, pues su degradación fue creciendo con el paso de los años y con el avance en las malas condiciones de conservación del propio templo.  Así, en agosto de 2009 y ante su ya inminente riesgo de pérdida, constatado por los técnicos de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, se lanzó un proyecto integral de conservación y restauración de los tres conjuntos que alberga la iglesia. Todos presentaban similares patologías, hoy subsanadas, como la falta de adherencia al muro que había causado levantamientos, desprendimientos y pérdida de consistencia; la existencia de grandes lagunas, el mal estado de la policromía y los pigmentos a causa de la humedad del edificio, además de la existencia de residuos de los encalados modernos.

Fig. 2. Pinturas murales de la capilla lateral sur tras su restauración (Zamora Románica)Pronto podrán contemplarse en todo su esplendor, en especial los ciclos de estilo gótico lineal ubicados en la esquina suroeste de la nave y en la capilla absidial/sacristía, realizados respectivamente a mediados y en la segunda mitad del siglo XIV. Ambos han recuperado su viveza y llamativos colores y ahora podrán desentrañarse algunas escenas que permanecían ocultas o prácticamente perdidas. Episodios de la vida de la Virgen y la Infancia de Cristo se reparten en los dos murales (Desposorios, Visitación, Nacimiento, Epifanía, Matanza de los Inocentes, Huida a Egipto, etc.), que se coronan con otras que preludian la Pasión, iniciada en sendos casos con la Última Cena. Por su excepcionalidad -pues solo se conoce otro caso en la pintura mural castellana de esta época- ha de señalarse el hallazgo de una nueva escena en la sacristía, concretamente en su parte superior, junto a la ventana, que representa el momento del Lavatorio de los pies. Aunque mayor sorpresa suscita otra del mismo conjunto, ubicada en el primer registro, en la que un hombre barbado, de pelo largo, tocado con una especie de sombrero y vestido con camisa, calzas y medias asesta un hachazo en la cabeza a otro personaje de rostro irreconocible. Nada habían sugerido los estudiosos acerca de su identificación hasta fechas recientes, cuando se vinculó con el martirio de la incrédula partera Salomé. Sin embargo, poco tiene que ver con la representación habitual de su castigo, que suele retratar la carbonización de sus manos y posterior curación y quizá si pueda relacionarse con un relato apócrifo poco conocido del Protoevangelio de Santiago en el que se describe el martirio de San Zacarías, padre de Juan el Bautista, como preludio a la Matanza de los Inocentes ordenada por Herodes, iconografía con escasísimos ejemplos parangonables (fig. 2).

Fig. 3. Levantamiento de la pila bautismal durante los trabajos de restauración (Zamora Románica)Finalmente y aprovechando que la iglesia se había cerrado al público se afrontó otra deuda patrimonial pendiente: la restauración de la pila bautismal románica, un ejemplar único en la provincia y prácticamente en el reino de León. Su deterioro se debía en gran medida a la naturaleza de su piedra, vulnerable, en este caso, a la humedad por capilaridad que ascendía desde el suelo, por lo que hubo de levantarse y desplazarse para la impermeabilización de su base. Su tratamiento subsanó las patologías derivadas del problema anterior y actuó sobre los males derivados de su propio uso, con suciedad o depósitos de cera. En su desagüe pudieron localizarse además los hierros que armarían su primitiva tapadera o cierre (fig. 3).

Comienza la restauración del templo

La fase inicial del Proyecto de Restauración, desarrollada entre septiembre de 2009 y mayo de 2010, se ocupó de resolver algunos de los problemas más acuciantes detectados durante las labores previas, centrando su ámbito de actuación en la cabecera del templo y en la cubierta de la nave. En la primera se consideró rehacer la coronación del muro norte del tramo presbiteral hasta cota de cornisa, en la misma línea en que un momento incierto se rehiciera la del tramo sur, entendiéndolo necesario para evitar una configuración dañina al propio ábside por la inadecuada evacuación de aguas. Indudablemente el nuevo añadido se realizó en un lenguaje moderno para no interferir en la correcta interpretación de las cabeceras.

Fig. 4. Primera fase del Proyecto de Restauración. Desmontaje de las cubiertas (Zamora Románica)Al levantar la cubrición del cuerpo de la iglesia para eliminar la estructura de cubierta metálica y fibrocemento mencionada con anterioridad y proyectada a comienzos de 1980 por José Antonio Arenillas, se pudo comprobar la subsistencia de otra anterior bajo esta, de madera sobre los arcos fajones y que en cierto modo permanecía anulada. Las sorpresas sólo acababan de comenzar y en el desmontaje del complejo entramado, entre sus múltiples remiendos, se localizaban los restos de una antigua armadura medieval. Vigas, canes, tabicas, aliceres, piezas de tablazón, etc., ornadas con elementos decorativos de raigambre gótico-mudéjar, tales como vegetales estilizados, epigrafía con caracteres islámicos o imágenes de seres reales y fantásticos, que permiten datarla en el siglo XIV. Su indudable interés para el estudio de la evolución histórico-constructiva de la iglesia añadido a la escasez de este tipo de testimonios en la ciudad las hizo merecedoras de un Proyecto de Restauración propio y a día de hoy están en proceso de recuperación en la ermita de Nuestra Señora de los Remedios (fig. 4). 

Sin embargo, el principal de los problemas, desconocido hasta el momento, era el estado de los  arcos fajones y sus coronaciones que mostraban grietas de notable importancia, localizadas en las zonas más débiles de los muros y arcos y que ponían de relieve el movimiento de las fábricas y obligaban -con el consiguiente retraso- a replantear el plan de obra debido a su gravedad. Así, se procedió al complejo proceso de cosido y sellado de todas ellas mediante la inyección de morteros y resinas, intervención que habrá de completarse en una última fase del Proyecto de Restauración en los contrafuertes, afectados por idéntica problemática.

Arqueología y restauración de la torre

En abril de 2011 se efectuó una cata arqueológica en la esquina noroestFig. 5. Fotografía cenital de la excavación arqueológica en la zona de la cabecera (Strato S. L.)e de la nave para conocer la posible filtración de agua que diese indicios del origen de las humedades de la iglesia. Comenzaba así la segunda fase de intervención, en la que tras múltiples estudios se consideró que tales humedades se debían a la contaminación por sales del solado y del propio terreno. El diagnóstico final aconsejaba, además de sanear el subsuelo y controlar la temperatura y humedad relativa del templo, reforzar la cimentación de los contrafuertes de la nave y sellar todas las uniones y juntas. Se planteaba así, una oportunidad única de estudiar y obtener datos de la compleja evolución del templo, a la vez que se solucionaban sus graves problemas estructurales, por lo que inmediatamente se lanzó una propuesta de excavación. El proyecto planteó cinco grandes áreas o sectores (a modo de damero), a los que añadir la capilla lateral norte y el umbral de la torre.

La prospección daba comienzo el pasado mes de octubre por lo que aún es pronto para emitir teorías o conclusiones, pero el interés de los hallazgos es incuestionable. Sí podemos asegurar la existencia de tres estratos de enterramientos correspondientes a diferentes épocas, apareciendo en el más antiguo numerosas tumbas antropomorfas -inclusive infantiles- de cronología medieval excavadas en la propia peña de la ciudad. O retazos de estructuras arquitectónicas que cuando finalice la investigación habrán de vincularse a los orígenes de la iglesia o a construcciones preexistentes (fig. 5).

 

De manera solapada se ha ido ejecutando la tercera fase de intervención que está consistiendo en la limpieza y consolidación integral de los paramentos interiores y exteriores de la torre y baptisterio (fig. 6).

Fig. 6. Intervención visitable en la torre de Santa María la Nueva (Zamora Románica)

Con miras al futuro

Resta aún una fase final del Proyecto que intervenga sobre los paramentos y contrafuertes de la nave, poniendo solución a sus problemas estructurales. Con ello culminará este trayecto de casi cuatro años, camino de esfuerzos económicos y personales para todos. Pronto entregaremos a Zamora una iglesia emblemática, y desconocida, incluso en lo tocante al estado de conservación en que llegó a manos de Zamora Románica. El futuro se antoja brillante, con una visita al templo mucho más significativa y de un calado cultural mucho mayor. A las magníficas piezas restauradas se unirá la exposición de las vigas policromadas y la posible musealización de parte de los restos patrimoniales arqueológicos aparecidos durante las excavaciones. Discurso que podrá enriquecerse con otras piezas de incuestionable valor que ya albergaba la iglesia, entre ellas, como no, la imagen titular de la Hermandad de Jesús Yacente. Usos conciliables que supondrán una puesta en valor real de una de las iglesias más visitadas de la ciudad.

 

BIBLIOGRAFÍA

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- MARTÍNEZ MONEDERO, Miguel, Castilla y León y la 1ª zona monumental (1934-1975). La conservación monumental de Luis Menéndez-Pidal, Salamanca, 2011, pp. 227-228.

- NUÑO GONZÁLEZ, Jaime, “Iglesia de Santa María la Nueva” en GARCÍA GUINEA, M. A. y PÉREZ GONZÁLEZ, J. Mª (dir.), Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Zamora, Aguilar de Campoo, 2002, pp. 411-425.

- PÉREZ MARTÍN, Sergio y MARTÍN BAILÓN, Marco Antonio, “Releyendo el románico de Zamora. Experiencias y encuentros del Proyecto Cultural Zamora Románica”, Románico, 11, 2010, pp. 42-51.

- PÉREZ MARTÍN, Sergio, MARTÍN BAILÓN, Marco Antonio y MACEDO COELHO, Luciana, “Recomponiendo un puzle. Disquisiciones acerca de la restauración e interpretación de unas pinturas de estilo gótico lineal en la iglesia de Santa María la Nueva de Zamora”, Ge-Conservación, 2, 2011, pp. 129-145.